somos enfermeros ni personal de salud.
No hacemos curaciones, ni inyecciones, ni control de signos vitales.
Y qué significa para nosotros.
Un acompañante terapéutico es alguien que está en la vida real.
En la casa, en la calle, en el club, en el consultorio, en un viaje, donde haga falta.
Es una figura que acompaña a una persona en su día a día para sostener su tratamiento, ganar autonomía y construir una vida más plena. Trabaja con objetivos, se coordina con la familia y con los profesionales que ya están, y deja registro de lo que pasa.
El acompañamiento se construye en lo cotidiano.
Pero para nosotros hay algo más. Un acompañamiento funciona cuando dos personas se encuentran de verdad. Por eso no buscamos solo a alguien capacitado: buscamos a la persona indicada para ese vínculo.
Para que quede claro desde el principio.
No hacemos curaciones, ni inyecciones, ni control de signos vitales.
Podemos recordarla y acompañar la rutina, pero no la damos.
La carga horaria se define en cada caso, según lo que se necesite.
Eso lo hace un maestro integrador.
El psicólogo, el terapista ocupacional, el fonoaudiólogo, el psiquiatra: todos siguen. Trabajamos con ellos, no en su lugar.
Acompañamos el tratamiento que ya definió el equipo de salud.
Bajo esas dos palabras entran cosas que no se parecen en nada. Lo que necesita un adulto mayor para recuperar vitalidad no es lo que necesita alguien que vuelve a su casa después de una internación. Y ninguna de las dos se parece a lo que necesita un joven con una condición del neurodesarrollo.
Aun así, casi siempre se resuelve igual: se pide “un acompañante” y se manda a quien esté libre.
Un término tan amplio que, si no se desarma, deja de servir.
Por eso empezamos por otro lado.
Discapacidad intelectual, motora, del desarrollo y sensorial.
El foco está en la autonomía: que cada persona pueda hacer más cosas por sí misma, sostener sus rutinas, moverse con seguridad y construir una vida social propia.
Cuadros de ansiedad y del estado de ánimo, procesos posteriores a una internación, seguimiento de tratamientos psiquiátricos.
El foco está en sostener: la adherencia al tratamiento, la rutina, el vínculo. Estar presente cuando el día cuesta y acompañar el regreso a lo cotidiano.
Adultos mayores.
El foco está en la compañía y en mantener lo que ya está: la movilidad, la memoria, los vínculos, las ganas.
El acompañamiento no se toma vacaciones.
Los procesos siguen aunque cambie el lugar. Acompañamos en viajes y en verano, cuidando el vínculo, la autonomía y el bienestar donde estén.